
Tal vez ser citadina de nacimiento deshizo la oportunidad durante mi más fresca juventud de que yo sintiese añoranza por lugares sobrepoblados y luminiscentes al anochecer. De cualquier manera la fascinación me encontró antes de que el tiempo me concediera la segunda década de vida; me dejé llevar livianamente.
Me tomó algunos años encontrar esa magia en la urbanización, una de esas dosis de encanto es la experiencia del paisaje bajo los pies; escalar edificios para encontrarse con incontables lucecitas al anochecer, mirar los autos pasar; darle cuerda a la imaginación y figurarse las historias de todos esos personajes ficticios, darle vida a las sombras rutinarias detrás de las cortinas de los apartamentos, imaginarme a mí misma como la protagonista, supongo encuentro el mismo confort inspirador que invade a algunos actores durante sus travesías interpretativas.
En mi caso, admirar la ciudad nocturna desde el último piso de algún edificio, preferentemente tras la última función cinematográfica, resurgiendo tras sumergirme en fotogramas rodeada de oscuridad, caminar al estacionamiento, entrar al auto, encender el audio, reproducir la canción más inspiradora del momento, la que me pide que la repita una y otra vez, conducir por esas avenidas casi vacías hasta llegar a casa, hundirse en el objeto suave, cálido, regocijante predilecto; mi sofá.

Siempre hay oportunidad para el paseo en bicicleta, dejar volar el cabello — y los pensamientos— al viento; que en ciudades como la mía se vuelve un deporte extremo que de cualquier manera termina disfrutándose por ser una experiencia en la que llega a valorarse la vida misma al regresar sano a casa.

Gracias a la multitud de sonidos citadinos, aprendí a valorar los momentos de silencio en mi refugio urbano. Salir en busca de sitios inspiradores, generalmente con aroma a café puede volverse un buen pasatiempo si se lleva una libreta de ideas, un libro o una cámara en mano.
A las ciudades de mi vida les debo enormes inspiraciones, enseñanzas entrañables, interacciones fascinantes y el más grande agradecimiento a su territorio que me ha brindado hogar la mayor parte de mi vida.


Me ha encantado ❤️
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