Fue tal vez en alguno de esos días en los que caminar se volvió sinónimo de encontrar inspiración, de ver la misma torre en diferentes perspectivas, de sentir que cada paso cuenta y que a su vez es un recordatorio del cronómetro en cuenta regresiva.
Cuando caminar se tradujo en puntos marcados en un mapa virtual, registrados en el dispositivo móvil que estuviera al alcance, los pies supieron que había más tierra que suelos, que tenían un don aún desconocido; acceso a caminos recónditos a donde los pedales no llegan, mucho menos los motores.

Había más respuestas que aún no encontraban ni siquiera sus preguntas, porque a veces las respuestas se adelantan y se cruzan primero sin ser percibidas, y esas justamente son para mí las que tienen más encanto.
De encontrar las huellas abandonadas en el camino, de los que tuvieron que dejar más que la pesadez de un momento en un espacio que parecía necesitar compañía, yo me quedé con un fragmento de los pasos que quizás otros olvidaron.
