Mirando en retrospectiva todo parece un ensayo, como allanando el terreno perseguiendo una corazonada.
Las fronteras sólo intercambian puestos unas con otras, se debilitan, mas nunca se van.
A veces las bocas son incapaces de contener el fluido fonético que envuelve una que otra expresión frustrada tras haber pasado un largo tiempo en algún rincón del subconsciente, tan abandonado como los zapatos viejos en el rincón del clóset.
El zapato del viajero se pregunta:
—¿Qué busca el viajero?, ¿por qué camina tanto?, si yo lo único que quiero es estar colgado entre los cables y poder ver lo que ven los pájaros, sentirme pájaro, ser pájaro.
Encontrarse perdido tiene su encanto, pero, ¿cómo se encuentra la poesía?
Busco una respuesta sin palabras, entre el árbol, los pies descalzos y lo más alejado posible de los rincones del clóset.
