Confort #10

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Hermosos flashbacks

He estado recolectando luces por todos lados.

A veces tiene sentido,

cuando no lo tiene, me pongo el traje de buceo; cierro los ojos.

Inmersión mental, recolección de piedras para alimentar el espíritu.

Reflejo verde,

vibra entre mis manos

mi propio rostro.

Navegar en las letras de otros

Hay mundos a los que sólo se adentra a través de las letras,
toco la puerta de cada libro buscando sabiduría,
buscando consuelo de los pasos que parecen en vano.

Recuérdame que el trayecto es lo único que tengo.
Sigo aquí, guiándome por el instinto primitivo que controla esos impulsos que me esfuerzo por domar,
enséñame los mundos de otros,
los mundos que dejaron escritos los que ya no están.

Recuérdame que me diluyo con cada instante que pasa,
que soy capaz de sentir aún en la neutra oscuridad,
y que la luz también llega a ser cegadora.

Cuéntame en las voces de otros,
en las palabras de mi universo,
Disuélveme en los ríos del tiempo,
en el caminar de mi memoria.

Historias del fuego

Al principio las historias que le conté al fuego mientras nos encontrábamos uno frente al otro no eran más que papeles con garabatos que apenas yo lograba entender.
Solté la cuerda de la memoria para recordar el abrazo que quise darle al mar cuando me mostró el pasar de un amanecer color durazno por encima de él y agradecer la existencia de esa masa ardiente encima de nosotros conocedora de los trucos para cambiar el color del cielo.
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Le conté todo lo que he querido ser y no he sido, también sobre las noches que deseé que la luna cumpliera deseos, pero a cambio llegamos a un acuerdo secreto.
Le pregunté si algún día transformará mi cuerpo en cenizas o será cuestión de insectos y tierra.
Quise también que me contara sus relatos, todos los que ha escuchado, pero en especial la historia más antigua, la que convirtió su monólogo en diálogo y me hipnotizó su parte más brillante y cegadora, dónde se conjugan todas las historias al mismo tiempo.
Supe que la historia había durado más de lo que yo pensaba cuando al siguiente día al despertar, sus vestigios seguían ardiendo.

Ser pájaro

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Mirando en retrospectiva todo parece un ensayo, como allanando el terreno perseguiendo una corazonada.
Las fronteras sólo intercambian puestos unas con otras, se debilitan, mas nunca se van.
A veces las bocas son incapaces de contener el fluido fonético que envuelve una que otra expresión frustrada tras haber pasado un largo tiempo en algún rincón del subconsciente, tan abandonado como los zapatos viejos en el rincón del clóset.
El zapato del viajero se pregunta:
—¿Qué busca el viajero?, ¿por qué camina tanto?, si yo lo único que quiero es estar colgado entre los cables y poder ver lo que ven los pájaros, sentirme pájaro, ser pájaro.
Encontrarse perdido tiene su encanto, pero, ¿cómo se encuentra la poesía?
Busco una respuesta sin palabras, entre el árbol, los pies descalzos y lo más alejado posible de los rincones del clóset.

Caminar: Bélgica en invierno.

Fue tal vez en alguno de esos días en los que caminar se volvió sinónimo de encontrar inspiración, de ver la misma torre en diferentes perspectivas, de sentir que cada paso cuenta y que a su vez es un recordatorio del cronómetro en cuenta regresiva.

 

Cuando caminar se tradujo en puntos marcados en un mapa virtual, registrados en el dispositivo móvil que estuviera al alcance, los pies supieron que había más tierra que suelos, que tenían un don aún desconocido; acceso a caminos recónditos a donde los pedales no llegan, mucho menos los motores.

 

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Bruges, Bélgica.

Había más respuestas que aún no encontraban ni siquiera sus preguntas, porque a veces las respuestas se adelantan y se cruzan primero sin ser percibidas, y esas justamente son para mí las que tienen más encanto.

De encontrar las huellas abandonadas en el camino, de los que tuvieron que dejar más que la pesadez de un momento en un espacio que parecía necesitar compañía, yo me quedé con un fragmento de los pasos que quizás otros olvidaron.